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Es así. Lo compruebo y vuelvo a comprobar. Tanto las personas con autismo como sus padres (y no es que quiera generalizar, pero sucede en la mayoría de los casos) socializan raro. Pido disculpas por lo ordinario del término, saben que lo mío es más intuitivo que científico. Pero creo que no me equivoco.

Hace poco arrancamos con Tati un grupo deportivo para adolescentes con autismo. Uso la tercera persona del plural porque como nos queda bastante lejos, una vez que llegamos al club, los chicos hacen su deporte mientras los padres arman su actividad de espera activa. Se lleva a cabo los… ¡¡domingos por la mañana!!! Me reservo la opinión respecto de día y hora, ya anticipé la rareza.

Confieso que el día inaugural de la actividad, tanto chicos como padres estábamos algo nerviosos. Caras nuevas, lugar nuevo, propuesta nueva. La adaptación de los jóvenes fue bastante rápida. Muchos terminaron la jornada con una sonrisa y ganas de volver. Digamos que nada típico para un adolescente esto de ponerle onda a una mañana dominguera.

Y los padres, luego de ahogarnos en un mar de mate que circulaba de diferentes rincones, propusimos aprovechar esas horas caminando por el barrio. Sin mucha vuelta.

El chat se activó enseguida. Desde ya que es un chat extraño: circulan fotos de los chicos, de objetos perdidos u olvidados en el vestuario de pileta, mensajes de agradecimiento y de cariño. Nada de porno, ninguna cadena que amenace de muerte a quien no la pase, ningún chiste. Lejos de la fecha de encuentro el chat está casi mudo, como si respetara los tiempos de los otros. Extrañísimo.

Cada cual luce sus más cancheras jogginetas, sus zapatillas más cómodas y la cara lavada (las ojeras marcadas están muy de onda en este grupo). Salvo por ahorrar unos minutos de sueño  de sábado por la noche, dudo que nadie se preocupe por la ropa del día siguiente. Insólito.

Las charlas entre padres son demasiado sinceras. Intimistas, casi. Nada normal para un grupo que se conoce hace poco tiempo. Todos están deseosos de pasar un dato que pueda colaborar con el problema del de al lado y aplauden cada mínimo logro del hijo de cada cual. Gente peculiar, en serio.

A los chicos les sacan cantidad de fotos, como en toda actividad que se preste hoy en día. Pero los protagonistas no suelen posar. Salen como son y encima los likean como si gran cosa.

Obvio que no todo es tan extraño en este grupo. Siempre hay alguno que se queda dormido, que refunfuña, que se enchincha. Por suerte algo de normalidad tenemos.

Personalmente, yo que suelo ser del grupo que no tienen grupo, me siento muy cómoda en esta reunión de bizarros que no acata ninguna norma de careteo social. Tati parece que también lo está. Llega a casa relajada y con muchas ganas de hablar. La actividad la organiza Brincar, con una banda de voluntarios que algo sospechoso deben tener también para querer estar ahí trabajando entre extraños un domingo a la mañana.

¡Gracias Carina y Sole por todo este laburo de locos!

Mariana Weschler, mamá de Tati 

Texto sobre los Domingos Deportivos Brincar