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Ya estoy despierta. ¿Qué hago? ¿Me fijo la hora? No. Si son las 3:15 voy a ser feliz pero si son las 5:48 me voy a querer tirar por la ventana que la tengo bastante a mano. Me tapo; acomodo mi mano entre la almohada y mi cara. Un pájaro canta: seguro que estoy más cerca de la mañana que de la mitad de la noche. Silencio. Suena el despertador. Me tapo: siempre fantaseo con quedarme dormida, pero no. No tengo la valentía para seguir durmiendo y olvidarme de la dinámica familiar/laboral/escolar: me estiro y prendo la luz. Miro para el costado con un ojo. Andrés está lejos. Está tapado hasta arriba de la oreja; solo se le ve el pelo porque está mirando para la pared. Me acerco: ni mucho ni poco, un toque; no me gusta el contacto matutino. Estoy por abrazarlo y me acuerdo: Andy está lejos y yo estoy enojada con él. Bah, supongo que yo estoy lejos porque estoy enojada. Supongo que si mido él esta en su mitad de la cama y yo emigré hacia el extremo Este. Supongo que él no se enteró que  estoy enojada. Soy un paquete de DHL perdido en la ruta Buenos Aires-San Pablo. Retrocedo. Toso y me muevo a ver si se despierta. Él ronca. Quiero acordarme por qué estoy enojada: no puedo. Me levanto de la cama; voy al baño; me lavo los dientes y  la cara y me quedo mirándome al espejo. Tengo la piel seca: mi cara es una torta Rogel pero de esas a las que le faltan dulce del leche y les sobra hojaldre, de esas destinadas a quedarse solas en un rincón de la fiesta en un plato marrón puesto arriba de un mantel de plástico. Miro por la ventana: todavía es de noche. Me meto en la ducha. Escucho que tocan la puerta. ¿Andy recibió el DHL? No contesto. Después pienso que quizás él piensa que me caí y me ahogué y contesto:
—¿Sí?
—Buen día, ¿todo bien?
Ah, ahora aportas. Ahí está: mi enojo tiene que ver con algo que pasó que me hizo sentir que él no me registra. ¿Sí? Bah, no sé, no me acuerdo. Igual seguro ni registró todavía que estoy enojada con él.
Contesto — Ahamgr  — para no darle data pero para que se entere que no me patiné y que sigo bien vivita. Repaso debajo de la ducha: snack de los chicos, autorización para Ana que se va a un cumple hoy (¿quien es la mala persona que hace un cumpleaños un lunes?); plata para el regalo de las maestra de los dos; reunión 8:30 con mi jefe; Presupuesto; contestar la nota de la maestra de Lucas.

Salgo del baño y me visto esquivando a Andrés. Miro el reloj: 6:30. Bajo a la cocina y abro el cuaderno de Luqui. Ultima novedad fresquita de ayer:

“28.09.2017 Queridos padres,
Lucas fue a la dirección por jugar a Star Wars en clase. Esto se viene repitiendo hace semanas. Muchos saludos Elena.”
Ayer hablé con Lucas sobre la nota:
—Yo no estaba jugando, mamá, solo tenía una regla y un lápiz en la mano y los movía. Eso no es jugar porque cuando juego uso los lápices que hacen de personajes y pienso en los personajes y hablo como los personajes pero sin mucho ruido y eso. Y en ese momento estaba pensando en nada. No estaba jugando.
—¿Y cómo fue?¿Qué te dijo Elena?
—Me dijo Lucas deja de jugar. Y yo le dije no estoy jugando, porque es verdad mamá, ella mentía y me mandó a la dirección sin sentido.
—Luqui, por favor no contestes más nada. Vas a vivir en la Dirección.
—¿Qué? ¿Voy a dormir y comer y todo?
—Es una manera de decir—contesté para no decirle: me estas jodiendo ¿no? Y agarrar mi cartera y irme yo a vivir a la Dirección.
—A mí me cuestan los decires—dijo y cerro y abrió los ojos en cámara lenta.

Todavía me cuesta creer que es verdad que para él eso no era jugar; tiendo a pensar que se está haciendo el piola. Supongo que a veces me olvido. ¿De qué? ¿Del Asperger? Por dos segundos quise que me estuviera mintiendo en la cara y que le hubiese faltado el respeto a la maestra bien a propósito. Por el color de las cejas cuando lloró, me pareció que no mentía.

Vuelvo dos páginas atrás en el cuaderno. Suena mi teléfono: Whatsapp de un pibe de laburo: Julia, te re necesito. Ya te mandamos el listado de costos.

Todo bien pero yo necesito un montón de cosas también, eh.

Leo: “15.09.2017. Queridos Papás, Lucas está muy distraído y no termina las tareas. Cariños Alina”.
Renglón.
Renglón.
“15 de septiembre de 2017. Estimados Padres, hoy llamé la atención a Lucas en reiteradas oportunidades en la clase de gimnasia ya que estaba muy distraído. Les agradecería mucho conversen con él. Los saluda Atte. Claudia. Departamento de Educación Física”.
Me emociona un poco la formalidad de la de gimnasia que no conozco. Apoyo mi cartera. Releo: 15.09.2017  y 15 de septiembre de 2017. Dos notan en un día. DOS EN UNO.

Dos hojas antes: 8.09.2017 “Queridos padres, he recibido algunas contestaciones de Lucas que no son las adecuadas. Por otro lado, recomiendo que Lucas no traiga juguetes al colegio ya que se distrae. Cariños Elena”.

Cuando recibí esta nota bajé el cuaderno, llamé a mi hijo y  dije:
—Acá Elena dice que a veces no contestas como deberías contestar. ¿Cómo contestas?
—Como contesto ¿qué?  ¿En francés?
—No no, cuando ella te dice cosas tipo Lucas pórtate bien o hace tal cosa,  ¿Cómo contestas?
Los ojos de Lucas se pusieron rojos y yo ya empecé a visualizar páginas del libro de Tony nunca me dejes Attwood.
—Lucas por ejemplo, actuemos.
—Yo te prometo mamá que no le contesto mal. ¿Como le voy a faltar el respeto a mi maestra? —dijo y juntó las yemas de sus dedos como protegiendo un tesoro muy personal.
—¿Y qué te dice Elena? Haceme la actuación.
—¿Qué?  ¿que te diga cómo me dice?
—Sí.
Se paró, abrió y cerró los ojos y mirando al piso dijo—Bueno, a veces me dice em Luuucaaaas, pero me lo dice en francés, lo que pasa es que vos no vas a entender.
¿Este pibe me esta snobeando?, pensé y dije—Dale, seguí.
—Ok
—Bueno me dice em Lucas sentate y trabajá.
—¿Y  vos qué le decís?
—Y yo le digo: ok. Porque es la verdad mamá. Es ok, significa que lo voy a hacer.

Y se dio vuelta  e hizo la mímica de sentarse en una silla y ponerse a trabajar, sin ninguna expresión en la cara que hasta pareció una burla. Me miró el hombro derecho  y se puso a llorar: yo te juro mamá que no le falté el respeto. Ay ¿Por qué no me entienden?

Entonces hablamos sobre la ironía. Intenté explicarle qué era. Lucas lloraba. ¿Pero cómo? no entiendo, me dijo, si yo quiero decir algo ¿por qué voy a decir lo contrario? No tiene sentido, mamá. Arranqué con: Yo te creo Lucas que no quisiste ser mal educado pero hay que prestar atención. A mitad de camino me rendí, me sentí una pretenciosa y le dije: ante la duda apretás los labios y asentís con la cabeza. Supongo que pensé que esa era la mejor manera de protegerlo: evitar que se exponga. Además, le dije, quizás estaría bueno que le expliques a Elena que no quisiste ser mal educado u ofenderla.

Agarré el cuaderno y pensé en explicarle a la maestra lo de la teoría de la mente y la falta de ironía  o sarcasmo de Lucas pero me pareció tirado de los pelos. ¿Qué pasa Julia? ¿Todavía no lo tenés asimilado? Andrés insistió en pedir una reunión en el colegio para hablar sobre esto y yo preferí esperar a ver a Esperanza. Contesté: “Querida Elena, muchas gracias por tu mensaje. Hablamos con Lucas sobre lo sucedido. Cariños. Julia y Andrés.”

Al día siguiente en el cuaderno de Lucas había una nota que decía: “Muchas gracias, querida Julia, por la charla que tuviste con Lucas. Cariños Elena”. Apoyé el libro, tomé un trago de café y leí la nota dos veces más. 1) me pareció afectuosa la redacción, digo, el querida Julia a mitad de la oración me dio esperanzas 2) “LA charla que tuviste con Lucas” ¿qué le dijo Luqui de nuestra charla?
Cuando le pregunté a Lucas dijo:
—¿Eh?
—A  Elena, ¿qué le dijiste?
—No sé
—Dale Lucas, hace memoria.
—¿Eh?
—Lucas.
—¿Aha?
—¿Qué le dijiste a Elena hoy?
—No sé mamá. Quiero el sable doble rojo de Star Wars. Nunca lo tuve. Le conté.
—¿Qué le contaste?
—Le conté la charla que tuvimos vos y yo sobre eso. Pero viste que en el episodio…
—¿Sobre qué? —pregunté ya transpirando.
—Sobre eso mamá. Eso  de la heroína.

Miro el reloj: 6:40. Abro la cartera y saco la crema de manos de L Occitane que me regaló mi hermana, me pongo y huelo. Qué rico.  Vuelvo al cuaderno. En mi cabeza escribo: Elena (no careteemos con el querida), entiendo que es un perno tener al pibe en la clase y que es bastante intenso con el temita de Star Wars pero tal como dice Tony Attwood: En sus mundos imaginarios con amigos  imaginarios, los niños con síndrome de Asperger son comprendidos y tienen éxito.

Y como nos recuerda la gran Temple Grandin, ¿la conoces, Elena? Es grossa: Los niños autistas pueden  parecer mal educados, cuando en realidad no son  más que inconscientes de las señales sociales.

Cierro los ojos y veo  a Elena cada vez que voy a buscar a mi hijo. Es alta, flaca con el pelo rubio y con bucles. Tiene mas de 53 años seguro y está bien mantenida. Cuando avanzan los padres ella saluda con los abrazos abiertos y muestra los dientes impecables; después quiebra su brazo derecho a la altura del codo y acerca su mano a su boca, como recibiéndonos  a una cata de vinos en el restaurant de Francis Mallmann en Mendoza, rodeada de montañas. Siempre es igual: me ve venir, sonríe y mueve la boca de manera muy lenta: como degustando entre su lengua y su paladar mi maternidad que todavía no se decide si vino fallada o vulnerable. Entonces charlamos, me dice que para ella Lucas quiere atención y si se convence que lo mío es negligencia y no culpa, me adelanta con cara de me da pena qué cuerpo débil tiene tu vino “bueno, hoy te puse una nota”.

Tomo café y escucho que los chicos se están despertando. Vuelvo a ver a Elena y su degustación y me acuerdo que ella no sabe que mi hijo tiene Asperger. Soy yo la que no le di la data. Quizás es momento de decirlo un poco más. O no, no lo sé. Quizás debería envasar al vacío a mi hijo y ponerle una etiqueta con código de barras: Lucas Miura, 8 años y medio, metro y 20, 21 kilos, pecas, ojos entre celestes y verdes, pelo castaño claro, Atención: Síndrome de Asperger. O no. ¿Y si lo estoy etiquetando, igual? No sé. ¿Y si mi hijo es el chico mal educado, el colgado, el problemático de la clase? Una vez escribí que las etiquetas no sirven, pero un diagnóstico, aunque sea tentativo, ordena: clama la ansiedad y ayuda a entender. ¿Y si es tiempo de contarle a Elena, Claudia y Alina el diagnóstico de Lucas? ¿Y si estoy subestimando a las docentes de mi hijo? Supongo que cada etapa de un hijo trae diferentes desafíos, ¿Y si el nuevo desafío es este? No lo sé. Yo no distingo la albahaca de la rúcula, ni la lechuga criolla de la romana o la francesa. Siempre, siempre, siempre tengo que fijarme en la etiqueta. ¿Soy descuidada o ignorante por eso? Ahora no puedo acordarme por qué estoy enojada con Andrés, mucho menos puedo pensar esto. Anoto en mi lista: hablar con Esperanza.
Agarro el cuaderno y contesto: gracias Elena por la nota, hablamos  con Lucas sobre lo sucedido-.
Cariños Julia y Andrés.

Sí, siempre pongo y Andrés porque podemos estar enojados pero en esta somos Julia & Andrés; como Barns & Nobles o Dolce & Gabanna.; Nobles no podría ser una de las librerías más grandes del mundo sin Barnes y a Dolce quizás le hubiese costado mucho sin Gabanna; bueno quizás se hubiese buscado otro para triunfar en el mundo de la moda pero hoy por hoy son Dolce & Gabanna. Nadie dice me compre un Gabanna o un Dolce; Barnes & Noble, Dolce & Gabanna Julia & Andrés. Somos juntos o no somos. ¿No?

Abro la heladera y veo en el cajón de la fruta/verdura tres paquetes de lechuga que compré hace unos días.
*

Son las 20:07 horas. Estamos tratando de comer: Lucas camina alrededor de la mesa haciendo que mueve un sable y repitiendo una frase de algún episodio; tiene el pelo mojado y su pijama de Star Wars; Anita llora porque está cansada. Lo sé porque ella me lo dice. La abrazo y le digo que ahora la llevo a la cama. Yo pienso en que tengo que terminar el presupuesto,  en que quiero leer, en que no me acuerdo por qué me enojé ayer con Andrés pero igual él ni registró, en que mis amigas se juntaban a comer y no llegué. Pienso en una cata de vino en Mendoza, en la lechuga de la heladera, en las notas del cuaderno de Lucas.

—Mmmm qué rico todo esto—dice Lucas.
Su plato tiene milanesa, puré y mucho queso Chedar. Supongo que el Chedar hace que todo en su plato se sienta más rico, mas interesante. Cada cual con su forma de optimismo.
Andy cuenta  que habló con su amigo que vive en China.

Anita pregunta —Mamá, ¿a Mar del Plata vamos en avión? — Tengo ganas de decirle: ubicate, ¿qué te crees, una crema de L´Occitane?. Pero contesto—No mi amor, vamos en auto— Lucas se sienta — Mamá, yo no creo que Dios sea todo poderoso porque ni siquiera pudo con un huracán— y Anita remata— papá, estoy de novia.

Me meto un pedazo de milanesa en la boca para que se me vea que estoy comiendo y nadie pretenda una respuesta.

Silencio.

Lucas se para da una vuelta alrededor de  la mesa y se sienta. Apoya su cabeza en su mano y dice:
—Porque em bueno. Hay algo em que no me gustó mucho hoy—cierra su boca y mira al techo.
—Sh sh sh— digo a Andy que empezó a hacer un cuento de un pibe de su laburo.
Andrés me mira, Ana se mete un pedazo de milanesa en la boca y yo insisto.
—Sh. ¿Qué pasa Lucas?
—Em que hoy en el colegio, en Pablo me dijo algo que no sé bien pero no me gustó. Em Pablo me dijo “vos sos un rarito porque repetís siempre partes de una peli y porque te gusta todo el tiempo Star wars y los superhéroes y eso”.
Veo arriba de la cabeza de mi hijo como moscas que revolotean alrededor de un cacho de milanesa con Chedar podrido la palabra:
Un RARITO
RA  RI  TO
R  A  R  I  T O
R
A
R
I
T
O
O T I R A R
Hago una lista:
¿Qué te dijo exactamente?
¿Dónde estaban?
¿Qué hiciste vos?
¿Por qué te dijo eso?
¿Se lo contaste a alguien?
¿Qué sentís?
¿Quién carajo es Pablo?
¿De dónde cuernos sacó esa palabra?
¿Querés chedar?

Estoy a punto de contestar: Tu papá también es rarito y yo ni te cuento.
Andrés me mira con ojos de Dolce & Gabanna: tranquila, me dice sin largar sonido.
—¿Y vos que hiciste, capo? —dice.
Anita me mira y bosteza. Yo la abrazo.
—Nada. Le dije que los súper héroes me gustaban solo un poco.
Un toque me alegra su registro de querer agradar.
En su plato quedan solo  las milanesas y el puré.
Veo a mi hijo en el patio del colegio,  imitando a Han Solo o Kylo Rein. Ayer me dijo: mamá, yo no quiero que me corten el pelo porque lo quiero tener como Anakin. La semana pasada lloró para que no le corte las uñas. Yo pensé que era, como siempre, por su sensibilidad sensorial pero él me dijo: las quiero muy largas largas como Darth Maul.
—¿Qúe mas le dijiste? —pregunta Andrés.
Pienso: por favor hijo  decime que no  le dijiste que ahora te interesan los huracanes y que tu momento top one en la vida fue cuando conociste la Estatua de la Libertad. Después pienso que quizás soy yo la que merezca una etiqueta.
—mmmm nada mas, creo.
—Bueno—dice Andy—¿A vos te gusta Star wars ?
—Em sí, muchisimo.
—Ok. Primero que nada entonces vos no tenés  que esconder lo que sos. Nunca. Tenés que estar orgulloso de lo que sos.
—Es verdad, porque vos sos extraordinario Lucas—agrego yo con voz de Veronica Castro—sos creativo, sos cariñoso, siempre te esforzas por mejorar en lo que te cuesta, le pones re garra, además….
—Julia, mi amor—me dice Andy como si me estuviese contando un secretito cortito y al pie—Basta.

Es muy difícil establecer líneas divisorias nítidas, sin duda entre el síndrome de Kanner y el de Asperger pero también entre el de Asperger y la normalidad, dice Lorna Wing.

Lucas agarra el pote de chedar, se llena el plato y dice:
—¿Mami, querés un poco?
—No gracias — y lleno mi copa de optimismo de vino tinto.

Suena el teléfono: es mi hermana. Mientras hablo voy a la heladera y veo que no están las lechugas. Los chicos me pasan por al lado y suben por las escaleras. Corto el teléfono y Andy me dice—No estemos enojados — pasa por al lado mío y dice — ah y no compres más espinaca porque nunca la comemos y se pone fea—Cierro la heladera, me doy vuelta, lo miro y digo—¿Te parece que pidamos una reunión en el colegio?

Julia Moret Octubre de 2017.

Foto: sammydavisdog Flickr via Compfight cc