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En este estudió se investigó cómo los niños con trastornos del espectro autista experimentan el aprendizaje, la amistad y la intimidación, y cómo influye el tipo de escolarización que tienen (ordinaria o especial).

Los autores de este trabajo entrevistaron a los niños con TEA y a sus madres, y obtuvieron una información valiosa sobre las experiencias de los niños con autismo. Les resultó claro que aunque muchos reportaron tener un grupo de amigos, también habían sufrido acoso verbal y físico, y una continua provocación. Este tipo de acoso fue más evidente en los niños que están incluidos en una escuela ordinaria.

Los resultados también indicaron que varias influencias pueden poner en mayor riesgo de intimidación, incluyendo factores tanto internos como externos. Las madres hablaron sobre las dificultades sociales de sus hijos, como no ser capaz de entender el sarcasmo y dar respuestas inadecuadas a los compañeros. Esto puede poner a los niños con TEA en un mayor riesgo de acoso escolar. Los niños neurotípicos son capaces de identificar y utilizar las dificultades sensoriales que presentan sus pares con autismo como un medio para causar malestar. La cultura escolar también podría colocar a los niños en mayor riesgo. Por ejemplo, una falta de conocimiento y comprensión sobre el autismo, la insuficiencia de recursos o el uso de auxiliares docentes y la ausencia de una respuesta adecuada ante el acoso.

La intimidación puede no ser inevitable, y los resultados mostraron que estos riesgos internos y externos pueden ser filtrados a través de los factores de protección específicos. En particular, ambos factores internos – como la autoestima, la capacidad de recuperación, el ignorar o evitar los agresores – y factores externos – tales como tener el apoyo de amigos, logros escolares, los intereses externos y talentos – pueden funcionar como factores de protección para el niño y parecen mejorar el impacto del acoso. Se resalta que el apoyo de amigos podría ser de gran influencia y actuar como un amortiguador de gran alcance, lo que refleja la importancia de la aceptación de los compañeros.

Los niños contaron algunas experiencias de intimidación que pudieron haber sido agravadas por factores de riesgo o atenuadas por factores de protección. Cuando hubo factores de protección insuficientes para mediar los riesgos, los niños mostraron problemas de salud mental, de aprendizaje y en la relaciones. Los problemas de salud mental se atribuyen principalmente a la intimidación continua e incluyen el estrés, la desconfianza, la baja autoestima y la depresión. Efectos sobre el aprendizaje incluyen falta de concentración en las clases, bajo rendimiento y resultados pobres en los exámenes y la falta de motivación debido a dificultades en el procesamiento y la influencia de abandono escolar. Las relaciones estaban afectadas por las dificultades de comunicación y la falta de oportunidades ofrecidas por la escuela para las interacciones sociales y para hacer frente adecuadamente a la intimidación.

Estos hallazgos tienen implicaciones tanto para la inclusión y para el desarrollo de estrategias e intervenciones para reducir el riesgo de acoso en todos los centros escolares.

En términos de inclusión, muchas de las experiencias, riesgos y factores de protección eran comunes a ambos tipos de escolaridad. Sin embargo, hubo una diferencia en cuanto a la intimidación y los factores de riesgo que hay en la escuela ordinaria. En particular, mientras que la mayoría de los participantes de las escuelas ordinarias (cuatro de seis) transmitieron muchas experiencias de intimidación, solo uno de los niños que iba a escuela especial lo hizo. Por otra parte, la cultura de la escuela con respecto a los alumnos con autismo difería sustancialmente entre ambos tipos de escolarización. En las escuelas especiales las clases son de pocos alumnos, el personal docente está especializado y capacitado en autismo, lo que facilita las interacciones sociales, y el manejo de incidentes de intimidación de manera apropiada. Esto contrasta con los reportes de las escuelas ordinarias sobre la falta de cuidado para hacer frente a las necesidades del alumno con autismo, tanto a nivel académico y social. En consecuencia, aunque la inclusión en escuelas ordinarias no define sistemáticamente todos los aspectos de la experiencia de un niño, hay que tener en cuenta que puede estar relacionado con los niveles más altos de la intimidación, en parte, por la cultura de la escuela.

Estos resultados también tienen implicaciones para el desarrollo de intervenciones para reducir la intimidación a través de una variedad de entornos escolares. En particular, aunque puede que no sea posible intervenir con los factores internos, mucho más se podría hacer para reducir al mínimo los factores externos, en particular los aspectos de la cultura escolar. Muchos aspectos de las escuelas comunes – como el tamaño de la clase, la proporción de estudiantes y maestros, y la presión para elevar los estándares – pueden estar más allá de los que la escuela puede controlar. Los resultados del presente estudio, sin embargo, mostraron una clara función de factores tales como la falta de entendimiento, la dotación de personal y recursos como la incapacidad para manejar la intimidación – factores que pueden ser más abiertos a la intervención. En particular, una mayor formación del personal de la escuela en relación con las necesidades sociales y académicas específicas de las personas con autismo, un enfoque de inclusión (en lugar de la integración), una mejora de los recursos, y una determinación para manejar la intimidación de manera más eficaz podrían hacer la inclusión más eficaz para las personas con autismo. Del mismo modo, un número de factores de protección también puede ofrecer una oportunidad para la intervención. Por ejemplo, se podría alentar a los niños con autismo a participar en actividades fuera de la escuela y a desarrollar sus intereses, y enseñarles estrategias para manejarse frente a agresores y maximizar su autoestima a través de centrarse en sus habilidades y talentos en lugar de sus déficits. Dicho enfoque ofrece un camino a seguir para maximizar los beneficios de la experiencia escolar de un niño, manteniendo una política de inclusión.

En conclusión, si los factores de riesgo se reducen al mínimo y los factores de protección son eficaces, entonces los niños con autismo pueden ser capaces de desarrollar amistades y aprender, independientemente del tipo de escuela a la que concurran. Sin embargo, si los riesgos predominan, hay más probabilidades de que haya intimidación, resultando en una gama de experiencias negativas que pueden tener efectos tanto inmediatos como a largo plazo en el niño. Por lo tanto, las intervenciones deben ser desarrolladas, tanto para promover una mejor cultura de la escuela y para aumentar la resistencia de los niños para que puedan florecer.

 

Modificado de: Cook A, Ogden J, Winstone N. 2016.  The experiences of learning, friendship and bullying of boys with autism in mainstream and special settings: a qualitative study. British Journal of Special Education 43 (3): 250-271. DOI: 10.1111/1467-8578.12143

Foto: Chesi – Fotos CC Flickr via Compfight cc