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No se sabe si las cuestiones sensoriales se manifiestan como un rasgo núcleo de los trastornos del espectro autista, o como rasgos principales de los trastornos comórbidos (por ejemplo, ansiedad). Sin embargo, los síntomas sensoriales se están considerando cada vez más, como características esenciales del autismo, que comparten mecanismos etiológicos comunes y contribuyen a problemas de desarrollo y de comportamiento más amplios. Algunos investigadores observaron que los síntomas sensoriales asociadas al TEA podrían agruparse en tres categorías de “modulación sensorial ‘, cada una asociada con las respuestas de mala adaptación a la estimulación sensorial. Esas categorías fueron: 1) Hiper-responsividad (respuesta negativa a la entrada sensorial), 2) hipo-responsividad (respuesta menos pronunciados o retraso a la entrada sensorial), y 3) comportamiento de búsqueda sensorial (antojos inusuales para ciertas experiencias sensoriales). Estas categorías no son mutuamente excluyentes y las personas con TEA pueden experimentar una combinación de síntomas sensoriales. Teniendo en cuenta la modalidad auditiva, se añadió la hiperacusia, aunque esta condición está asociada con el oído interno o daño vestibular y es poco probable que esté relacionado con el autismo. Sin hacer referencia a las modalidades sensoriales específicas, las estimaciones de la prevalencia de los problemas sensoriales en TEA varían ampliamente, la investigación indica que los problemas sensoriales diferencian los niños con TEA de los controles neurotípicos y niños con otras dificultades.

Al igual que con otras condiciones clínicas, la sensibilidad auditiva en individuos autismo no puede ser explicada por anormalidades de audición periférica. Hay quienes atribuyen esta sensibilidad a los déficits en los procesos cognitivos básicos, como la atención selectiva o entrada sensorial; otros, creen que emerge de la ansiedad. Los orígenes neurobiológicos de sensibilidad auditiva en individuos con TEA quedan aún por identificar. La evidencia reciente muestra algunas diferencias en la anatomía funcional, la conectividad, la red temporal y la arquitectura del tronco cerebral en autismo en comparación con las personas de desarrollo típico, y que estas diferencias morfológicas en los cerebros contribuyen al procesamiento auditivo disfuncional. Por otra parte, los estudios neurofisiológicos muestran diferencias conductuales y electrofisiológicas entre las personas con TEA y las personas neurotípicas.

El presente estudio presenta las respuestas directas de los participantes a quienes se las ha preguntado explícitamente acerca de sus experiencias con los sonidos. Se resumen las experiencias claves que proporcionan información útil.

Los participantes se refirieron a los ruidos fuertes como causante de problemas, pero también a sonidos suaves, que otros a su alrededor no parecen percibir. Estas experiencias son generalmente consistentes con las nociones de hiperacusia. Sin embargo, además de esta agudeza exagerada general y aumento de la respuesta a los sonidos, los participantes observaron también sonidos específicos, característicos de la intolerancia a un sonido específico, y / o contextos, que eran problemáticos para ellos. En el ejemplo más extremo de un participante se refirió a que ciertos sonidos le provocan respuestas emocionales abrumadoras. Los contextos discutidos con mayor frecuencia fueron los sociales, donde se presentan situaciones que combinan múltiples fuentes de sonido con las interacciones sociales, los cuales podrían ser problemáticos para los participantes. Estas respuestas en entornos específicos o a sonidos específicos son más consistentes con la sensibilidad auditiva.

Los participantes identificaron la ansiedad como un componente clave de su sensibilidad auditiva, independientemente de cualquier trastorno de ansiedad comórbido. Se discutió la ansiedad como respuesta al ruido, pero también como una condición que agrava esta sensibilidad – ya sea por su presencia en general, o en contextos específicos (los notablemente sociales, sino también la incertidumbre). Los trastornos de ansiedad son altamente comórbidos con TEA, y la investigación ha estado investigando la relación entre las sensibilidades sensoriales y la ansiedad. Previamente se ha atribuido la sensibilidad auditiva a una hipervigilancia de las fuentes de ruido debido al miedo y la ansiedad, por lo general en relación con una fuente específica de ruido (por ejemplo, el ruido de un avión).

Se han propuesto tres teorías que apoyan los vínculos entre la sensibilidad sensorial general y la ansiedad: i) sensibilidad sensorial causada por la ansiedad; ii) ansiedad causada por la sensibilidad sensorial; y iii), ambas causalmente relacionadas, pero asociadas a través de un factor de riesgo común o solapamiento de diagnóstico. Los dos primeros son consistentes con los relatos de los participantes que sugieren la relación es potencialmente bidireccional.

Los participantes reportaron comportamientos repetitivos de auto estimulación como respuesta, tal vez como un escape o un intento de aliviar la ansiedad. Otra forma fue la evitación o el escape propiamente dicho. Estudios previos no encontraron ninguna asociación entre la sensibilidad sensorial, comportamientos repetitivos y la activación fisiológica en los niños con TEA. Por otra parte, la evidencia sugiere que el grado de molestia y angustia que sufren se relaciona con el grado en que los individuos perciben que pueden hacer frente, por tanto, los beneficios de un tratamiento dirigido a la sensibilidad auditiva podrían ser sustanciales.

Modificado de: Landona J, Shepherda D, Lodhiab V. 2016. A qualitative study of noise sensitivity in adults with autism spectrum disorder. Research in Autism Spectrum Disorders 32: 43–52. DOI: 10.1016/j.rasd.2016.08.005

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